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Cuando Tesla enseñó el Cybercab, hubo un detalle que saltaba a la vista incluso antes de hablar de autonomía, sensores o despliegue comercial: solo tenía dos plazas. No era una decisión menor. Durante décadas hemos asociado el taxi a un coche capaz de llevar a cuatro pasajeros, con su conductor delante y un asiento trasero pensado para casi todo. Por eso aquel modelo sin volante ni pedales parecía, como mínimo, una rareza. Ahora, visto lo que hemos visto después, esa imagen empieza a tener otra lectura.

Lo interesante no es solo que hablemos de coches sin conductor, sino de vehículos que pueden pensarse de otra manera desde el primer momento. El taxi tradicional aprovechaba una arquitectura ya conocida: cuatro o cinco plazas, un puesto de conducción y una carrocería preparada para usos muy variados. En cambio, un robotaxi diseñado para una flota puede permitirse una pregunta más precisa y más específica: qué necesitan la mayoría de trayectos.

El robotaxi biplaza empieza a tener una explicación

La respuesta aparece cuando miramos cómo se usan estos servicios. Hace ya tiempo atrás, Marc Winterhoff, de Lucid, y Andrew Macdonald, de Uber, señalaron que más del 90% de los trayectos que ofrece Uber tiene solo uno o dos pasajeros. Esta proporción que ayuda a entender por qué los robotaxis de dos plazas empiezan a aparecer en más proyectos. No conviene convertir ese dato en una regla universal, porque cada ciudad, servicio y caso de uso tiene sus matices.

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En ese contexto encaja mejor la propuesta de Tesla. El Cybercab no está planteado como un turismo convencional al que simplemente se le añade conducción autónoma, sino como un vehículo pensado para operar, si Tesla logra desplegarlo como promete, dentro de una red de transporte sin conductor humano. De ahí que prescinda de volante y pedales, y que reduzca el habitáculo a dos ocupantes. La firma liderada por Elon Musk lo presenta como una pieza específica para viajes punto a punto de manera segura.

Tesla no es la única que ha llegado a una conclusión parecida. Lucid mostró en marzo de 2026 Lunar, un concepto de robotaxi biplaza sin volante ni pedales, aunque conviene subrayar que hablamos de una propuesta conceptual y no de un producto ya listo para salir a la calle. Verne, la compañía croata vinculada a Mate Rimac, también presentó antes un vehículo autónomo eléctrico de dos plazas.

Imagen eliminada. Lucid Lunar

La lógica detrás de estos diseños no es solo espacial, también es económica. Un vehículo más pequeño puede necesitar menos materiales, mover menos peso y consumir menos energía por trayecto, algo especialmente relevante cuando hablamos de flotas que deberían circular muchas horas al día. Lucid, por ejemplo, presenta Lunar como un vehículo diseñado para ser lo más eficiente y barato posible para operadores de flota. La compañía proyecta una eficiencia de 8,9–9,7 km por kWh en uso típico, aunque son cifras de una propuesta conceptual y no de una flota ya desplegada.

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El cambio, además, no se limita al tamaño de cada vehículo. También afecta a la forma en que imaginamos las flotas. Un estudio de Boesch, Ciari y Axhausen, vinculado a ETH Zurich, modelizó un escenario concreto en Zúrich y concluyó que, si se aceptaban tiempos de espera de hasta 10 minutos y la adopción era suficientemente amplia, una flota de vehículos autónomos compartidos podía reducir de forma muy significativa el número total de coches necesarios, incluso hasta un 90% en ciertas condiciones. No es una receta universal, pero sí una pista importante: el robotaxi no solo replantea el asiento, también la escala del sistema.

Imagen eliminada. En Xataka Los Cercanías de Madrid se han convertido en un nido de problemas y retrasos: su solución son nuevos "megatrenes"

Así que podríamos decir que el taxi de cuatro plazas seguirá teniendo sentido para muchos usos, y probablemente las flotas del futuro necesiten combinar vehículos distintos. La novedad es que el robotaxi permite separar mejor cada necesidad. Para trayectos individuales o de dos personas, un modelo más pequeño puede resultar suficiente, más eficiente y más fácil de justificar dentro de una red bajo demanda. Lo que hace unos años parecía una decisión extraña empieza a encajar con otra forma de mirar la movilidad: no diseñar siempre para el máximo posible, sino para aquello que ocurre la mayor parte del tiempo.

Imágenes | JavyGo | Maxim

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La noticia Los taxis siempre han tenido cuatro plazas. Con los robotaxis eso ha dejado de tener sentido fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .

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Un equipo de científicos de la Universidad de Texas A&M ha logrado levantar y dirigir objetos diminutos sin tocarlos. Y no, no lo ha hecho con un hechizo de Wingardium leviosa, sino con una tecnología láser que podría impulsar a las naves espaciales del futuro.

Metajets para volar sin combustible. La nueva herramienta de propulsión diseñada por estos científicos utiliza algo conocido como metajets, que se basa en la combinación de rayos láser y metasuperficies. Estas últimas son superficies que contienen pequeñas irregularidades a nanoescala que dirigen la luz en muchas direcciones posibles. Cuando la luz incide sobre la superficie lisa de un espejo, rebota sin más. En las metasuperficies, al encontrarse con todas esas montañitas invisibles al ojo humano, puede desviarse de múltiples maneras. 

Por otro lado, cuando la luz incide sobre una superficie, los fotones la empujan ligeramente. Los autores de este estudio lo comparan con pelotas de tenis botando sobre una pared. Cuando se usan muchísimas bolas, ese empuje puede ser tangible. Por lo tanto, al hacer incidir un láser sobre una superficie, se puede producir un movimiento que, además, se dirige en la dirección deseada gracias a esos pequeñísimos pilares. 

Imagen eliminada. En Xataka Alpha Centauri es la gran duda sobre si hay más planetas habitables. Ahora la NASA al fin quiere resolverla

Cuanta más luz, mejor. Algo interesante de los metajets es que para obtener un empuje mayor no se necesita necesariamente un dispositivo más grande. Bastaría con aumentar la potencia de la luz. Por eso, aunque de momento los experimentos se han realizado con dispositivos del tamaño de un cabello humano, estos investigadores consideran que en un futuro se podría escalar lo suficiente para enviar naves al espacio sin necesidad de combustible.

Subir y girar. Con estos experimentos se ha conseguido tanto elevar el dispositivo como hacerlo girar en la dirección deseada. Es un buen comienzo para ese soñado futuro espacial. 

Viajes mucho más cortos. Con las tecnologías actuales, si quisiéramos viajar al sistema estelar de Alfa Centauri, el más cercano a nuestro sistema solar, necesitaríamos cientos de miles de años. En cambio, estos científicos calculan que, usando metajets, la cifra se reduciría solo a un par de décadas. En términos astronómicos, eso es bastante poco.

Más allá del espacio. En realidad, la capacidad de mover objetos sin contacto ni combustible podría tener muchas aplicaciones también aquí en la Tierra. Por ejemplo, los metajets serían útiles en la fabricación de precisión, la microrrobótica y los sistemas avanzados de detección. 

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Aún queda mucho por hacer. Lógicamente, haber demostrado la eficacia de los metajets en un dispositivo minúsculo es solo un primer paso. Falta mucha ciencia y mucho tiempo para que se pueda escalar lo suficiente como para llegar al espacio. No obstante, como decía Machado, el camino se hace al andar, y este ya ha empezado a trazarse. 

El siguiente paso será probar los metajets en un laboratorio en condiciones de microgravedad. Así, se vería qué tal funcionarán en el espacio. Si esto va bien, poco a poco se intentaría ir escalando a un mayor tamaño. Posiblemente lleguen antes otras tecnologías que también se están investigando, como el uso de motores basados en energía nuclear. No obstante, los metajets son también una opción de lo más interesante para los viajes espaciales del futuro. Seguro que volvemos a oír hablar sobre ellos en un futuro. 

Imagen | Harry Potter, Skatebiker (Wikimedia Commons)

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La noticia Metajets, el ‘Wingardium Leviosa’ luminoso que promete llevar naves al espacio sin necesidad de combustible fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .

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Un paseo matutino por casi cualquier parque urbano revela una escena cada vez más común: las barras de calistenia, los bancos de madera y las explanadas de césped han dejado de ser simples elementos del paisaje para convertirse en el nuevo gimnasio de moda. Acostumbrados a la monotonía de los gimnasios tradicionales en espacios cerrados, con sus implacables luces fluorescentes y su música repetitiva en bucle, salir a ejercitarse al parque ofrece un cambio de escenario radical y revitalizante. 

Como explica Nikki Fraser al The New York Times, fisióloga del ejercicio, solemos tomar los entrenamientos en nuestra etapa adulta con demasiada seriedad, viéndolos como una estricta "obligación" (algo que tenemos que hacer) en lugar de una "oportunidad", pero al observar un parque, recuperamos la maravillosa posibilidad de "jugar".

El auge de la calle como área de entrenamiento. Lo que ha sucedido es que las rutinas de fuerza han salido de los sótanos y pabellones para conquistar la calle. Para realizar un entrenamiento de cuerpo completo ya no es imprescindible contar con maquinaria compleja; basta con un banco de parque y un trozo de césped para ejecutar rutinas que incluyen desde subir escalones (step-ups) y flexiones, hasta zancadas, sentadillas y fondos de tríceps. 

Además, la propia naturaleza aporta un desafío físico extra: a diferencia de la repetitiva monotonía de una cinta de correr, el entorno al aire libre obliga a nuestra musculatura a adaptarse constantemente a terrenos irregulares, lo que fomenta el equilibrio, mejora la agilidad y quema calorías de forma dinámica.

Imagen eliminada. En Xataka La salud del suelo pélvico había sido ignorada por ciencia y deporte durante años. Hasta que llegó la fiebre por el Pilates

"La gran moderación". Detrás de este movimiento hacia el asfalto y la hierba hay un profundo cambio generacional y económico. Los jóvenes están cambiando los clásicos bares por el deporte a la hora de socializar, un fenómeno que los economistas, como Joe Wadford, ya han bautizado como "la gran moderación". 

En lugar de destinar una gran parte de su presupuesto mensual a salir de noche y tener que lidiar con una inevitable resaca al día siguiente, muchos jóvenes prefieren invertir su dinero y su tiempo de maneras que resulten más gratificantes para su salud. De hecho, como ya analizamos al explicar por qué el gimnasio es el nuevo bar para combatir la epidemia de la soledad, los datos respaldan que un 39% más de jóvenes de la Generación Z, en comparación con la Generación X, utiliza el ámbito del fitness para conocer a nuevas personas que compartan sus mismos intereses.

Y hay ciencia detrás de esto. Una revisión sistemática de ensayos clínicos a largo plazo que comparó el ejercicio al aire libre frente al realizado en interiores reveló un dato revelador: de las 99 comparaciones analizadas, las 25 que mostraron resultados estadísticamente significativos favorecieron, en todos los casos, al ejercicio al aire libre. 

Este entorno natural fomenta mayores niveles de emociones positivas, tranquilidad y motivación. Por si fuera poco, la simple exposición a la luz solar proporciona un impulso natural de vitamina D y funciona como un poderoso antídoto para reducir el estrés, la ansiedad y la depresión.

Más allá del músculo. El verdadero impacto de esta tendencia trasciende la estética corporal y el ahorro económico; tiene un poder profundamente transformador y terapéutico a nivel social. La BBC reportó el caso de Raymond Goodfield, un hombre de 53 años que, a causa de la depresión y su dependencia del alcohol, había terminado viviendo en la calle. Tras unirse a unas sesiones semanales y gratuitas de gimnasia al aire libre en su parque local, su vida dio un giro radical: dejó de beber, perdió su timidez y encontró una comunidad que lo apoyó.

Para lograr que estos espacios urbanos sean verdaderamente inclusivos y no solo refugio de atletas de élite, investigadores de la Universidad de Loughborough han trabajado estrechamente con la comunidad en el diseño de nuevos equipos de parque. Esta maquinaria está pensada para mejorar el equilibrio y el control postural, lo que la hace apta para una amplísima gama de usuarios, incluyendo aquellos que se encuentran en procesos de rehabilitación física.

Un cambio de paradigma. Todo esto establece un fuerte contraste con las tendencias de bienestar que imperan en las zonas exclusivas de las ciudades. En la era del "fitness cuqui", donde el deporte se ha disfrazado de terapia para cobrarte más dinero, hemos visto cómo la industria mercantiliza la calma. La gente paga grandes sumas por disciplinas de bajo impacto o clases "somáticas", que consisten en hacer movimientos minúsculos para intentar relajar el agotado sistema nervioso, convirtiendo el bienestar en un artículo de lujo.

El parque, en cambio, ofrece la rebeldía de lo sencillo: una alternativa donde reconectar con la naturaleza y hacer comunidad actúan como esa misma válvula de escape frente a la presión moderna, pero de forma completamente libre y gratuita.

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El triunfo de lo sencillo. En definitiva, utilizar las barras de calistenia, el césped y los bancos como herramientas de entrenamiento es mucho más que un ingenioso truco para evitar pagar la cuota de un club deportivo. Es el reflejo de una sociedad que busca sanar. 

Salir a ejercitarse al aire libre representa una respuesta instintiva frente a un mundo excesivamente digitalizado y aislado. Al final del día, el gimnasio del parque nos recuerda que la meta ya no es únicamente esculpir el cuerpo, sino construir vínculos reales, nutrirse de vitamina D y reclamar nuestro derecho más básico: el de volver a salir a jugar.

Imagen | Magnific

Xataka | La gran mentira del "fitness cuqui": el deporte se ha disfrazado de terapia para cobrarte más dinero

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La noticia Del asfalto a las barras de calistenia: cómo los parques de tu ciudad se han convertido en la mejor terapia contra la ansiedad moderna fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

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Hasta el momento, se han descubierto 11 minerales únicos en la Luna. El último de ellos acaba de darlo a conocer un equipo de científicos chinos tras analizar un meteorito lunar. Es un hallazgo interesante, porque nos aporta información útil sobre la geología de nuestro satélite. Pero también porque podría tener aplicaciones muy interesantes aquí en la Tierra.

De la Luna a tus bombillas. El material que se acaba de describir es la changesita cerio-magnesio. Se caracteriza por su apariencia vítrea, transparente y quebradiza. El grosor de sus gránulos va de los 3 a los 25 micrómetros, menos que el de un pelo humano. Aun así, resulta extremadamente útil por su pronunciada fluorescencia, que podría ser muy útil para mejorar la tecnología LED terrestre. 

Imagen eliminada. En Xataka En 2015 un hombre se encontró una roca y la guardó pensando que tenía oro. Diez años después descubrió su verdadero valor

Un cambio de color necesario. Al contrario que las bombillas incandescentes tradicionales, las bombillas LED no usan el calor para obtener luz. Aprovechan al máximo la electricidad gracias a un material semiconductor, que permite el flujo de electrones de una capa con exceso de carga a otra con falta de ella. Esa segunda capa tiene lo que se conoce como huecos. Es decir, átomos que han perdido electrones, dejando algo así como un hueco libre. En el momento en que un electrón se encuentra con uno de esos huecos, cae dentro, en un proceso en el que se libera energía en forma de luz. 

La luz que se obtiene en este proceso es azul, pero todos hemos visto que, por lo general, la luz de los LEDs es blanca. El cambio de color se consigue gracias al recubrimiento del chip azulado en el que se da el proceso con un material fluorescente. Este absorbe algo de la luz azul y, a su vez, emite luz amarilla. Ambos son lo que se conoce como colores complementarios de la luz. Por eso, al mezclarlos se obtiene luz blanca.

A más fluorescencia, mejor. La fluorescencia de este mineral lunar es tan potente que sería un complemento magnífico en las bombillas LED. Se obtendría luz blanca de una forma mucho más eficiente, suponiendo incluso un mayor ahorro energético. 

Más logros para China. El país asiático se ha convertido en todo un experto en la geología lunar, gracias a las misiones Chang'e. De hecho, en la Chang'e-5 ya se descubrió el fosfato Changesita-(Y), relacionado directamente con este otro mineral que un meteorito trajo hasta la Tierra. 

De momento, solo podemos soñar. Lógicamente, ir a la Luna a excavar minerales no es algo muy viable. Y si lo fuera, estaría bien pensárnoslo dos veces antes de lanzarnos de cabeza. Tampoco sabemos si habría suficiente cantidad en la Luna. Sería necesario explorarla más a fondo para saberlo. Por eso, las aplicaciones de los minerales lunares en tecnología terrestre no son más que hipótesis. Es interesante, pero no tiene una aplicación cercana en el tiempo.

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Lo que sí nos enseñan estos minerales. El análisis de la geología lunar nos puede enseñar muchas cosas. Si encontramos mayormente minerales que también existen aquí en la Tierra podemos entender que, en algún momento, se dieron condiciones similares en la Tierra y en la Luna. En cambio, si se encuentran muchos minerales desconocidos en la Tierra, como ya está pasando, se entiende que en nuestro satélite hubo condiciones que no se han dado en nuestro planeta. 

Todo esto sirve para entender muy bien dónde estamos y de dónde venimos. Quedémonos con eso en vez de pensar en minar nuestro satélite y dejarlo sin recursos como ya estamos empezando a hacer en la Tierra.

Imagen | Freepik

En Xataka | Aún no hemos colonizado la Luna y ya la hemos llenado de basura: hay hasta pelotas de golf abandonadas


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La noticia China ha descubierto un nuevo mineral en la Luna. Es tan fluorescente que podría cambiar la forma en la que fabricamos bombillas LED fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .

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Todos conocemos la escena: una pila de libros acumulando polvo en la mesilla de noche y una promesa silenciosa de que, este fin de semana, por fin, nos pondremos a leer. Sin embargo, llega el domingo por la noche y apenas hemos pasado un par de páginas, por lo que nuestra relación con la lectura se ha convertido en un "desencanto aspiracional". Queremos leer, ansiamos coger el hábito, pero ante cualquier imprevisto temporal, el libro es lo primero que descartamos.

Solemos castigarnos pensando que nos falta fuerza de voluntad o que no tenemos suficiente tiempo libre. Esperamos a las vacaciones para devorar novelas, creyendo que la lectura requiere de grandes bloques de tiempo ininterrumpido. Pero la ciencia del comportamiento tiene malas noticias para nuestro ego y excelentes noticias para nuestra rutina: no es un problema de disciplina, es un problema de diseño. La solución no está en la motivación, sino en un "hackeo" neurológico conocido como habit-stacking o apilamiento de hábitos.

La trampa de la motivación. Cuando no logramos nuestras metas de bienestar o intelectuales, "no es porque no nos importe lo suficiente o no seamos disciplinados", explica la doctora Eve Glazier a The Washington Post. El fracaso llega porque dependemos demasiado de una motivación efímera y carecemos de un plan de implementación realista.

Es aquí donde entra en juego el habit-stacking. Popularizado por expertos en comportamiento como BJ Fogg (creador del método Tiny Habits en la Universidad de Stanford) y James Clear (autor del exitoso Atomic Habits), esta técnica consiste en vincular un hábito nuevo que queremos incorporar a un hábito que ya realizamos de forma automática todos los días. Como detalla James Clear, la fórmula es asombrosamente simple: "Después de un 'hábito actual', haré un 'hábito nuevo'". Aplicado a nuestro problema, el objetivo es dejar de decir "voy a leer más" —una meta abstracta y abrumadora— y usar anclajes cotidianos. Por ejemplo: "Después de encender la cafetera por la mañana, leeré una página", o "Después de lavarme los dientes por la noche, cogeré mi libro".

Imagen eliminada. En Xataka No son imaginaciones tuyas: los libros más vendidos son cada vez más simples y contienen frases menos elaboradas

El "hackeo" biológico. Según explica James Clear basándose en la neurobiología, nuestro cerebro experimenta un fenómeno llamado "poda sináptica". A medida que envejecemos, el cerebro elimina las conexiones neuronales que no usamos y fortalece las que repetimos a diario (como ducharnos o hacer el café matutino). Al "apilar" la lectura sobre una ruta neuronal ya fuerte y establecida, el nuevo hábito viaja en primera clase. El cerebro utiliza el aprendizaje basado en señales (cue-based learning), reduciendo drásticamente la fricción y la fatiga de decisión. Simplemente, ya no tienes que acordarte de leer; tu cafetera te lo recuerda.

Y conseguirlo tiene un impacto que va mucho más allá de la cultura general. Tal y como analizábamos hace poco en Xataka, un estudio de 12 años con más de 3.600 participantes demostró que leer libros reduce el riesgo de mortalidad en un 20%. Los lectores tienen una ventaja de supervivencia de 23 meses frente a los no lectores, gracias a que la lectura profunda mejora la reserva cognitiva. Y no, no hace falta leer durante horas: el estudio apunta a que 30 minutos al día son suficientes para obtener estos beneficios.

La voz de los expertos: empieza en miniatura. Si la teoría es tan buena, ¿cómo la aplicamos sin fracasar en el intento? Los expertos consultados por los principales medios coinciden en varias reglas de oro para diseñar nuestro habit-stacking:

  • Empieza de forma ridículamente pequeña: La psicóloga Beena Persaud, citada en The Washington Post, advierte contra los cambios drásticos. No te propongas "leer un capítulo entero", proponte "abrir el libro y leer un párrafo". Hacer el hábito minúsculo garantiza que lo cumplas incluso en tus peores días.
  • El anclaje debe ser inquebrantable: La psicóloga Melissa Ming Foynes explica a Real Simple que el ancla debe ser a prueba de balas. Si quieres leer de noche pero tus hijos interrumpen tu rutina de sueño constantemente, usar la noche como ancla es un error. Busca algo que hagas "llueva o truene".
  • Olvída el mito de los 21 días: Tal y como recoge Dr. Axe, la ciencia ha demostrado que formar un hábito tarda entre 18 y 254 días (con una media de 66 días). La paciencia es vital.
  • Usa el "Principio de Premack": La doctora Lauren Alexander recomienda aplicar recompensas inmediatas. Cuando logres tu micro-hábito de lectura, date un pequeño premio para que tu cerebro libere dopamina y cierre el ciclo de refuerzo positivo.

Cuidado con los espejismos. No obstante, antes de lanzarnos a apilar hábitos, conviene entender nuestro contexto. En España el 65,5% de los ciudadanos afirma leer por ocio (un máximo histórico), pero esta cifra puede estar inflada por el "sesgo social": nos gusta presumir de que leemos porque da prestigio. Además, informes de The Economist señalan que los best-sellers actuales tienen una legibilidad equivalente a la de un adolescente de 16 años. Leemos menos profundo de lo que creemos.

A esto se suma el peligro de malinterpretar el habit-stacking. Como alertaba The Guardian, ahora hay una tendencia viralizada en redes sociales conocida como bedtime stacking. Consiste en irse a la cama a las 20:30 pero llevarse un arsenal de tareas: el portátil, el iPad, el skincare, un picoteo y el diario de gratitud. Lejos de ser un apilamiento de hábitos productivo, es un desastre para la higiene del sueño y destroza nuestro ritmo circadiano.

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Consistencia frente a intensidad. Al final del día, en la psicología del comportamiento "la consistencia siempre supera a la intensidad". Las grandes transformaciones personales no nacen de fines de semana maratonianos de lectura, sino de acciones cotidianas ridículamente pequeñas repetidas a lo largo de los meses.

No somos malos lectores ni carecemos de disciplina. Simplemente, hemos estado utilizando las herramientas equivocadas para luchar contra una vida hiperconectada. Al encadenar la lectura a nuestro cepillo de dientes o a nuestro café, dejamos de depender de la caprichosa inspiración para, por fin, poner a nuestra propia biología a trabajar a nuestro favor.

Imagen | Photo by Matias North on Unsplash

Xataka | La ciencia ha calculado el impacto real en tu cerebro de leer libros. Y tiene una receta muy simple: 30 minutos al día

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La noticia El problema de que leamos cada vez menos no es la falta de tiempo o disciplina: es que no hacemos 'habit-stacking' fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

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El año pasado, la producción mundial de salmón atlántico de granja ascendió 3,12 millones de toneladas. Esa cantidad es 8.000 veces las capturas de salmón salvaje y es lógico: en la medida en que la acuicultura se ha convertido en la "niña bonita" de la industria pesquera, no corren buenos tiempos para el salmón salvaje. 

Y no, no es algo que solo afecte a las frías aguas de los fiordos noruegos. En España, en 2024, solo se precintaron 130 ejemplares. El mínimo histórico desde que empezó a hacerse el control de los ríos asturianos en 1949. Y la situación va a empeorar

¿Por qué va a empeorar? El motivo no es obvio. Cuando hablamos de este problema, la primera intuición es pensar en que es una simple cuestión de 'atención'. Antes necesitábamos cuidar los hábitats de los salmones salvajes para asegurarnos poder pescarlos. Ahora que la acuicultura ha hecho prescindible el suministro salvaje, los incentivos para mantenerlo han desaparecido. 

Imagen eliminada. En Xataka El gran engaño del salmón: su verdadero color es gris pero la industria lleva años gastando millones para ocultarlo

Pero, en realidad, es peor. Porque lo cierto es que las dinámicas propias de la acuicultura están trabajando activamente en el colapso de la población en libertad. 

Los tres grandes problemas los tenemos bien localizados: 1) los escapes de salmones híbridos (que tienen mejor fitness en granja, pero peor supervivencia oceánica) que se mezclan con los salvajes y produce problemas genéticos, 2) la propagación del piojo de mar porque la concentración de peces en jaula amplifica la carga parasitaria y, por último, 3) que las necesidades  de peces de forraje para alimentar las granjas elimina recursos para otros peces

Y las consecuencias están a la vista de todos. En Asturias no solo es que la temporada haya empezado dos semanas más tarde de lo habitual, es que el primer salmón (campanu) ha llegado el día más tardío de la historia. Pero eso es solo una parte de la historia. 

En Noruega, por ejemplo, solo se observaron 323.000 salmones salvajes en 2024. El año anterior, las cifras ascendieron a 481.463 ejemplares. De hecho, el año apsado se prohibió la pesca en 42 ríos y tres fiordos. En Escocia, otro de los grandes países salmoneros, la población de ejemplares salvajes ha caído un 80% desde los 70.

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¿Solo es un problema relacionado con la acuicultura? No, sería injusto decir esto. El declive es global y tiene mucho que ver con problemas climáticos y de la cadena trófica. Pero la evidencia nos dice que ni repoblar sirve para nada: llevamos décadas tomando iniciativas contraproducentes que redicen la diversidad genética y vuelven a la especie cada vez más frágil. 

Imagen | Bruce Warrington

En Xataka | Estamos drogando a los salmones con cocaína y ansiolíticos. Y eso está provocando que se comporten de forma extraña


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La noticia Nunca ha habido más salmones en el mundo. Es hora de que los declaremos una especie amenazada fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .


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